viernes, 8 de octubre de 2010

Un niño, cuento de Helen Buckley




Una vez un niño fue a la escuela. El niño era bien pequeño. La escuela era bien grande. Pero cuando el niño vió que podía caminar hacia el salón desde la puerta de la calle se sintió feliz y la escuela ya no le pareció tan grande como antes. Poco tiempo después, una mañana la maestra dijo:- Hoy vamos a hacer un dibujo -- Bien – pensó el niño, porque le gustaba dibujar. Y podía hacer todas esas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos. Así que tomó su caja de lápices de colores. Y se puso a dibujar. Pero la maestra dijo:- ¡Esperen! ¡Todavía no es hora de comenzar! Y el niño esperó hasta que todos estuvieran listos. - Ahora, dijo la maestra, hoy vamos a dibujar flores. ¡Qué bien! Pensó el niño, porque a él le gustaba dibujar flores. Y comenzó a dibujar flores muy bonitas con su lápiz rosa, naranja, y azul…Pero la maestra interrumpió y dijo:- ¡Esperen! Yo les mostraré cómo hay que hacerlas- ¡Así! dijo la maestra dibujando una flor roja con el tallo verde- ¡Ahora sí! Dijo la maestra- Ahora pueden comenzar. El niño miró la flor de la maestra. Y luego miró la suya. A él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero él no reveló eso. Simplemente guardó su papel e hizo una flor como la de la maestra: Roja, con el tallo verde. Otro día cuando el niño abrió la puerta del salón. La maestra dijo:- ¡Hoy vamos a trabajar con plastilina!- ¡Bien! Pensó el niño. Él podía hacer todo tipo de cosas con plastilina: víboras y muñecos de nieve, elefantes y conejos, autos y camiones…Y comenzó a apretar y a amasarl a bola de plastilina pero la maestra interrumpió y dijo:- ¡Esperen! No es hora de comenzar- Y el niño esperó hasta que todos estuvieran listos- Ahora -dijo la maestra- vamos a hacer una víbora- ¡Bien! – pensó el niño, a él le gustaba hacer víboras. Y comenzó a hacer algunas de diferentes tamaños y formas. Pero la maestra interrumpió y dijo:- ¡Esperen! Yo les enseñaré como hacer una víbora larga- Así… – mostró la maestra- ¡Ahora pueden comenzar!El niño miró la viborita que había hecho la maestra y después miró las suyas. A él le gustaban más las suyas que las de su maestra,pero él no reveló eso. Simplemente amasó la plastilina, como hacía en su casa e hizo una víbora como la de la maestra. Era una víbora delgada y larga. De esta manera, el niño aprendió a esperar y a observar y a hacer las cosas siguiendo el método de la maestra. Tiempo más tarde él ya no hacía las cosas por sí mismo. Entonces sucedió que el niño y su familia se mudaron a otra casa, en otra ciudad y el niño tuvo que ir a otra escuela. Esta era una escuela mucho más grande que la anterior. También tenía una puerta que daba a la calle y un camino para llegar al salón. Esta vez había que subir algunos escalones. Y seguir por un pasillo largo para finalmente llegar a su sitio. Y sucedió que justamente ese primer día, que el niño estaba allí por vez primera. La maestra dijo:- Hoy vamos a hacer un dibujo- Bien, pensó el niño y esperó a la maestra para que le dijera cómo hacerlo. Pero ella no dijo nada. Solamente caminaba por el salón. Cuando se acercó al niño. La maestra dijo: - ¿y tú no quieres dibujar?
- Si - dijo el niño, ¿y qué vamos a hacer? Añadió- No lo sabré hasta que tú lo hagas - contestó la maestra- ¿Pero cómo hay que hacerlo? Volvió a preguntar el niño- ¿Cómo? dijo la maestra - De la manera que tú quieras –- ¿Y de cualquier color? Preguntó el niño- De cualquier color – dijo la maestra y agregó:- Si todos hicieran el mismo dibujo usando los mismos colores- ¿Cómo podría yo saber de quién es cada dibujo y cuál sería de quién?- No sé… – dijo el niño y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.

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